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El Ministerio creará en Extremadura los primeros cultivos intensivos de bellota

La mancomunidad Campo Arañuelo y Agricultura se embarcan en un proyecto para multiplicar por 40 la producción de la dehesa

Juan García (nombre simulado a modo de ejemplo) dispone de una explotación porcina con cerca de 5.000 ejemplares que campan a sus anchas por la dehesa extremeña. Este año dispone de 400 nuevas crías, y su deseo es alimentarlas en montanera para así vender más tarde los codiciados jamones ibéricos de bellota. Sin embargo tan solo podrá hacerlo con algo más de la mitad, unas 250, debido a que las encinas de la dehesa que tiene arrendada no producen todo el fruto que necesita para alimentarlos. Debe alimentar por tanto a los 150 ejemplares restantes con pienso, por lo que los jamones (ya de cebo, o de recebo) los venderá a un precio sensiblemente menor.

Esta pérdida de valor añadido puede tener los días contados si finalmente la década de trabajos y ensayos llevados a cabo en el Centro Nacional de Recursos Genéticos Forestales El Serranillo (ubicado en Guadalajara y gestionado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente) y las parcelas experimentales que se van a poner en marcha en la comarca de Campo Arañuelo da los frutos esperados.

A tenor de los resultados que arrojan los trabajos llevados a cabo en este sentido, la producción media de la dehesa podría pasar de 250 kilos anuales de bellota a 10.000, o lo que es lo mismo, multiplicar por 40 la producción.

Se trata del inicio de una experiencia pionera a nivel mundial, el cultivo intensivo de bellota, al frente de cuya investigación y desarrollo se encuentra Juan Luis Peñuelas, quien junto a su equipo ha puesto el punto de mira en el norte de la provincia cacereña.

El porqué lo explicó el propio Peñuelas durante la firma del convenio en virtud al cual la Mancomunidad Integral Campo Arañuelo cede varios terrenos al Ministerio para la instalación y seguimiento de parcelas experimentales. «Tenemos la necesidad de experimentar en parcelas públicas de características climáticas adecuadas, y qué mejor lugar que Extremadura para ver cómo se desarrollan y testar variables agronómicas de cultivo intensivo: riego, fertilización, marcos, etcétera». Argumenta que el paso de la actual producción anual de 250 kilos por hectárea «podría alcanzar hasta los 10.000 kilos en estas plantaciones, con una cierta garantía de producción, sin el riesgo de la vecería (alternancia de años con mucha cosecha y otros con escasa) que presenta la encina y el alcornoque». Eso sí, se muestran prudentes y recuerdan que por el momento se trata de hipótesis. Fundadas, pero hipótesis al fin y al cabo.

El cómo se fijaron en Campo Arañuelo lo explica el presidente de la mancomunidad, David González, que recuerda que mejorar la producción de la dehesa siempre ha sido un proyecto, una idea que no se le iba de la cabeza, si bien reconoce que las administraciones no le hacían mucho caso. «Hasta que un día me topé con este hombre (refiriéndose a Peñuelas), que tiene esta gran trayectoria. Contacté con él, visitamos las instalaciones de El Serranillo,... Y aquí estamos», explica satisfecho. Recuerda que entre los factores determinantes para que se materializase la presencia de El Serranillo en Extremadura se encuentra la existencia de polen de encina, algo de lo que carecen en Guadalajara.

Hasta ahora los árboles productores de bellotas (encinas, alcornoques...) están considerados como árboles formadores de naturaleza, de paisaje, a los que tradicionalmente el hombre apenas ha manipulado. Ahora la idea es que estas mismas especies sean además árboles productores, como ya lo son el olivo, el almendro o el castaño.

Un concepto diferente

Este cambio de concepto supondría la puesta en marcha de explotaciones milimétricamente reguladas, con una plantación planificada para en pocos años obtener ejemplares adultos capaces de dar frutos (como ya se hace con el olivar), con sus sistemas de riego, fertilizantes... De ahí que aboguen porque el cultivo intensivo de bellotas pueda ser incluso una alternativa al de tabaco, cuyo paulatino abandono está dejando miles de hectáreas de tierras fértiles en barbecho, pero perfectamente aptas para su cultivo en la zona de Campo Arañuelo y la Vera.

«Si tenemos la posibilidad... ¿Por qué no vamos a producir la bellota fuera de la dehesa, con individuos seleccionados, en plantaciones intensivas, y luego echar este fruto en la dehesa cuando se necesite para alimentar a los animales?», se preguntan.

Aquí González señala que mientras para Peñuelas y Agricultura serán unas parcelas experimentales, para la comarca se tratará de unas parcelas demostrativas, en las que la mancomunidad podrá constatar ante profesionales del sector cómo se desarrolla la experiencia «para que así vean que es una realidad y que puede ser una salida». Siempre, claro está, en función de lo que diga el mercado, que marcará la demanda de este producto.

No obstante en lo que a bellotas se refiere, además de la alimentación de animales también cuenta con aplicaciones en cosmética (aceite de bellota para el cuidado de la piel), uso medicinal (por sus propiedades astringentes se puede usar para cortar la diarrea o para la incontinencia urinaria, entre otros); y alimentación humana, en modo de confitura, mantequilla, licores, etcétera.

Congreso Forestal Español

Peñuelas, que asistió como ponente al VII Congreso Forestal Español, celebrado a finales de junio en Plasencia, recordó que ya en 2010 empezaron a pensar en este proyecto de forma seria, si bien se encontraron todo el trabajo por hacer, al ser pioneros en la misma. Dificultad añadida que ha supuesto un trabajo extra, pero que a la vista está que nos les ha hecho cejar en su empeño.

Él mismo explicaba la iniciativa durante el citado congreso. «El proyecto que planteamos tiene como objetivo la producción de bellotas en cantidad y calidad suficiente para complementar la que naturalmente se produce en las dehesas, y ello mediante el establecimiento de plantaciones agrarias ad hoc de quercíneas mediterráneas. La singularidad del proyecto radica en producir bellotas fuera de las dehesas aplicando las capacidades tecnológicas hoy existentes en cada lugar y circunstancia, de modo y forma que el fruto, recolectado de forma mecánica, se almacene para ser posteriormente esparcido a su tiempo en las dehesas como alimento del cerdo ibérico, incrementando de este la productividad y regularidad del sistema de montanera», afirma.

 

«Estas nuevas plantaciones se asemejarían en cuanto a concepción agronómica y logística a las nuevas plantaciones superintensivas de frutos que en los últimos años han aparecido en el mundo agrario y que han revolucionado antiguos y milenarios cultivos tradicionales como son la vid, el olivo, los frutos secos (almendro, pistacho, nogal, etcétera) y que hoy día testa su viabilidad en cítricos, melocotón y frutos rojos, como arándanos, grosellas, endrinos, frambuesas...», manifiesta.

 

Personal del Ministerio muestra un ejemplar que será injertado. / E. S.

 

Aquí destaca que tal actividad, concebida de esta forma, integrará «a los subsectores agrario, forestal, ganadero, industrial y comercial, configurándose como un potente motor de desarrollo rural local, regional y nacional en un mercado de alta rentabilidad y con enormes posibilidades de crecimiento por consumo interno y de exportación».

En este punto insiste en la importancia del cambio de concepto que tradicionalmente se tiene de la encina. «Lo que se está proponiendo es toda una revolución conceptual en un modelo productivo centenario. El agricultor tiene que entender a la encina, no ya como una especie milenaria y típicamente forestal, sino como un frutal que puede ser sometido a manejo intensivo. Los propietarios de las dehesas y los ganaderos de cerdos ibéricos deben tomar en consideración que no tiene lógica económica ni financiera el que su sistema productivo esté a merced de las veleidades de nuestra extrema y variable climatología», advierte.

Para concluir se mostraba optimista en la viabilidad del proyecto. «Si las proyecciones de consumo y demanda de derivados del cerdo ibérico de bellota se mantienen, las producciones de estos cultivos intensivos tienen asegurada la demanda», eso sí, siempre y cuando «seamos capaces de producir y poner en el mercado un material vegetal productivo adecuado al manejo intensivo y a un costo accesible». De ahí la importancia de que una vez concluidos los experimentos, profesionales del sector y administraciones den el paso definitivo hacia este cambio de modelo productivo de la dehesa.

Hoy.es

Publicado el 20 / 07 / 2017 en la categoría de Noticias