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El ibérico de cebo despierta el interés de los ganaderos leoneses

David García de la Heras abre una granja con 1.960 ejemplares en Villamoratiel de las Matas 

La cría de cerdo ibérico de cebo se cuela en León. Son pocas las granjas que aún se dedican a la raza estrella del porcino —sobran dedos en una sola mano para contarlas—, pero ya se tramitan varios proyectos de instalaciones de engorde. Su carne no es la del animal criado en una dehesa —León carece de este tipo de paraje—, pero se sitúa entre las mejor valoradas y su calidad supera a la del cerdo de capa blanca, del que también le separa las condiciones en las que se crían los animales.

Con 1.960 ejemplares, la granja de David García de las Heras, de 30 años, se abrió este mes de octubre en Villamoratiel de las Matas. Ingeniero de minas e hijo y hermano de agricultores, pensaba en criar cerdo blanco en su explotación hasta que vio el ibérico de cebo con cama de paja en un establo de Segovia. «Aquí no hay ninguna granja de este tipo para ver» y fue la diferencia en las condiciones la que marcó su decisión. «El cerdo blanco no está mal, pero la paja es más confortable» para los animales, porque «es lo que más se asemeja a estar en la naturaleza, donde puede ozar más», explicó.

Las dos naves en las que dan cobijo a los ejemplares, de 88 metros de largo cada una por 15 de ancho, disponen de un control ambiental automático, por el que sensores de temperatura se encargan de abrir y cerrar ventanas y chimeneas para mantener unas condiciones ideales de temperatura. Además, los cerdos disponen de comida y bebida a demanda, simplemente empujando con el morro un pedal.

Estabilidad

Sin experiencia previa en el porcino, García de las Heras, que había trabajado anteriormente como ingeniero en Unión Fenosa —hoy Naturgy— y técnico en prevención de riesgos laborales en RMD, buscaba en la ganadería un complemento a la actividad agrícola de su padre, Luicinio, y de su hermano, Alejandro, dedicados al cultivo del cereal y la alfalfa. Un trabajo «para todo el año y que no oscile tanto en precios como la agricultura».

La granja de cebo viene a cerrar el ciclo en el conjunto de las explotaciones familiares, ya que es la cosecha de cereal la que proporciona la paja en la que se encama el ganado —«su precio en el mercado es muy bajo y esta es una buena forma de buscarle un valor añadido»—. Del mismo modo, los purines que se sacan de las naves sirven de abono orgánico para las tierras de cultivo.

García trabaja en integración con Agrocesa —Agropecuaria del Centro, S.A.—, del grupo Vall Companys, del que recibe el pienso, las medicinas y el asesoramiento técnico y veterinario para el engorde de los animales, que recibe en Villamoratiel de las Matas con dos meses y un peso de 20 a 25 kilos. Allí permanecerán hasta que alcancen los 10 meses y los 150 kilos. La integradora proporciona siempre lechones criados en Castilla y León, hijos de cerda ibérica y padre de raza Duroc. Su manejo exige al ganadero disponer de más espacio para los animales —dos metros por cabeza de ganado—, según se dispone en la norma de calidad del ibérico, dado que salen de la granja con un mayor tamaño que el cerdo blanco.

Matadero leonés

Cuando la primera partida de ibérico salga de las naves de Villamoratiel de las Matas está previsto su sacrificio y despiece en Soto de la Vega, en el matadero del Grupo Rodríguez, que se hará cargo de la carne a excepción de los jamones, que curará Agrocesa en sus secaderos de Guijuelo.

García de las Heras apuntó que eligió la integradora por la experiencia de otros ganaderos. «Me dijeron que estaban contentos porque si habían tenido algún problema la empresa siempre había estado ahí, respondiendo en temas como los pagos a los bancos, que no siempre van a cuadrar». Además, «no es lo mismo que te lo cuenten los ganaderos a que te lo diga la empresa», que tiene otro punto de vista al del productor, señaló el joven ganadero, que ha realizado una importante inversión en la granja, con la ayuda de un expediente de incorporación de jóvenes al sector. El tamaño de la compañía también influyó en su decisión: «Con una empresa grande siempre estás preocupado y con una pequeña...», indicó.

David García de las Heras invirtió «un año y medio» en el papeleo para obtener los permisos de su granja. Los trámites son «una carrera de obstáculos, en especial en porcino, la especie ganadera con más requerimientos legales que cumplir» y se realizan ante «varias administraciones».

 

Diario de León

Publicado el 24 / 12 / 2018 en la categoría de Noticias