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El caso del denominado “porcino Ibérico”

Carlos Buxadé
Núm. 244. En Carta del Director. Enero de 2012
27-2-2012

Parece absolutamente imprescindible establecer un sistema identificador, transparente y diferenciador de cada tipo de producción que, a su vez, genere y devuelva la confianza del consumidor hacía todos estos productos.

Querido amigo, lector de Mundo Ganadero: hace unos días tuvimos la oportunidad de reunirnos en una tertulia informal (una de estas tertulias que nos sirven para aprender y actualizarnos), con un grupo de amigos, todos ellos porcicultores, para charlar un poco, con mesa y mantel de por medio, del presente y, sobre todo, de las perspectivas de este sector, con una visión a medio-largo plazo. 
Como no podía ser menos, al rato, surgió el tema del "Ibérico", de los excedentes generados en el año 2007, y sobre todo en 2008 (que dio lugar a la consolidación de un importante stock, que hoy persiste), y de la crisis en que desde hace un par de años el sector se halla inmerso (situación negativa, que se ha venido agudizando a partir de 2009, como ha puesto bien de manifiesto, entre otros, la Federación Andaluza de Cooperativas Agrarias, FAECA). 
La consecuencia primera de esta realidad es el continuado e importante retroceso que está registrando la cabaña porcina Ibérica ubicada en la dehesa. Según estimaciones recientes, entre los años 2008/09 y 2012, el mencionado descenso censal podría cuantificarse en un 60-65% lo que significaría que el mencionado censo, a nivel nacional, se habría situado por debajo de los 500.000 animales.  
A pesar de este descenso tan importante del censo (y, consecuentemente, de la producción), los precios siguen con su tendencia bajista y, actualmente, están a un nivel parecido al que tuvieron a mitad de los años 80 del siglo pasado (así, si se comparan, por ejemplo, los precios medios de los denominadas "jamones Ibéricos" en los años 2005/06 con los actuales, enero de 2012, el descenso de los mismos puede situarse perfectamente alrededor de un 35-40%, una barbaridad).
La pregunta que surge inmediatamente es muy sencilla ¿qué está ocurriendo en realidad? Suceden varias cosas, que, desgraciadamente, son confluyentes.
En primer lugar, y desde nuestro punto de vista y lo hemos venido repitiendo hasta la saciedad a lo largo de estos últimos diez años, hay que señalar a la "Norma de Calidad de la carne, el jamón, la paleta y la caña de lomo Ibéricos". Una norma a la que nos opusimos frontalmente en aquella famosa reunión de Sevilla (donde fuimos tremendamente criticados, sea dicho de paso). La "Norma" nació mal (porque estaba basada en una serie de intereses particulares concretos y tenía una excesiva complejidad) y se ha aplicado peor (con una visión de "mínimos" y con una manifiesta falta de rigor). En este caso se puede aplicar aquél famoso adagio español que dice "quién mal empieza... mal acaba".
Por estas razones, la susodicha "Norma" no sólo no ha servido, como se pretendía, al colectivo afectado, sino que le ha perjudicado significativamente (especialmente al generador del verdadero "Ibérico de bellota", los productos "gourmet" del sector).
Estamos muy de acuerdo con Iberaice cuando demanda (vale más tarde que nunca) un exigente control de la producción del "porcino de bellota", regulando la producción por añadas y controlando el aforo de las fincas, para establecer, de verdad, el número máximo de cabezas permitidas por explotación, en función de las características agroclimáticas de cada campaña. En este sentido, nos parece obvio que hay que controlar, con eficiencia y eficacia, no sólo el volumen de esta producción, sino paralelamente la bondad y exactitud de la misma.
En este marco, nos parece absolutamente imprescindible establecer de una vez por todas un sistema identificador, transparente y diferenciador de cada tipo de producción que, a su vez, genere y devuelva la confianza del consumidor hacía todos estos productos, que en nuestra opinión, tienen sus propios nichos de mercado (nichos que, actualmente, es cierto, en muchos casos, no en todos, se están constriñendo, a causa de nuestra crisis económica).
Mire usted, no nos engañemos, para empezar es imprescindible dejar de "marear la perdiz" (de hacer "grandes declaraciones", de expresar "buenas intenciones" y de "generar reuniones ineficaces") y lograr de una vez por todas diferenciar de una manera sencilla e inequívoca en todos y cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria a todos y cada uno de los productos generados.
Por una parte, deberían estar los procedentes de un sistema súper-extensivo, de "bellota"; por otra, los originados en una producción de "campo", y, por último, los que proceden de sistemas de "intensivos de cebo". Y habría que hacerlo de tal manera que, en el consumidor final (que es el que compra y paga, y al que hay que fidelizar) no se pudiera generar ninguna duda acerca de lo que se le está ofertando (que es exactamente lo contrario de lo que, salvo honrosas excepciones, está sucediendo actualmente). Y esta identificación además, debería generar tal transparencia, que nunca pudiera ocasionar, comercialmente hablando, fagocitosis entre los distintos tipos de productos.
Seamos sinceros, una "Norma" poco adecuada, una aplicación de la misma a "mínimos", la falta de rigurosidad y de control en los etiquetados, y no por último, insistimos, la ausencia de una adecuada, correcta y sencilla diferenciación cualitativa de los diferentes tipos de productos, que llegan al consumidor final, ha llevado, como no podía ser de otra manera, al desprestigio de estos productos. Y este desprestigio, siempre en nuestra opinión, está afectando de una forma más profunda a aquéllos que en razón de sus características cualitativas deberían ser los más valorados por el mercado.
Por otra parte, cierto es que la negativa evolución de la demanda, por culpa de la crisis en la que estamos inmersos (y que va para largo), está perjudicando muy significativamente al "mundo del Ibérico"; pero no se olvide aquí que los coches de lujo y las viviendas de alto standing se han visto hasta el momento muy poco (o nada) afectados por la mencionada crisis.
También es verdad que la presumible significativa reducción de la oferta a corto-medio plazo (en razón de la mencionada evolución de los censos), puede ayudar a cambiar la tendencia actual de los precios; pero, si no se corrigen los errores de base, los defectos de fondo señalados, el futuro para el "mundo del Ibérico" no se presenta demasiado halagüeño y es que, estimado amigo, en ganadería casi siempre resulta cierto que "quién siembra vientos... recoge tempestades".
Con un saludo afectuoso,

http://www.mundoganadero.es/articulos-caso-del-denominado-porcino-iberico/1/1886.html

Publicado el 28 / 02 / 2012 en la categoría de Noticias